19 de septiembre de 2011

Capítulo I (segunda parte)

Antes de que acabaran de tañer las campanas que anunciaban el amanecer, Rosa ya había llegado vacilante al cuarto de baño. Peinó su melena con movimientos decididos y automáticos (a pesar de la evidente contradicción de tales gestos), cepilló sus dientes e incluso se puso algo de brillo en los labios con los ojos aún cerrados.
Luego se vistió sin prisas, disfrutando inconscientemente del único momento del año en que podía permitirse estrenar ropa nueva. Sintió el olor de cada prenda, el suave tacto de la tela y la ligera presión de los mocasines, aún rígidos. Mordisqueó una manzana y bebió del zumo de naranja que guardaba en una pequeña nevera bajo del tocador; cogió la mochila, se despidió con dos besos de Gato y sintió un inesperado regusto metálico. Entonces, y sólo entonces, despertó.
Corrió al cuarto de baño, encendió la luz y abrió la boca frente al espejo. Tardó unos segundos en acostumbrarse a la claridad que le lastimaba los ojos y en ver la sangre que le coloreaba las encías y la lengua. Luego se tocó cada muela, comprobando con desagrado que una estaba próxima a caerse. La había aflojado al morder el frugal desayuno, a tal punto que ahora sólo era necesario un leve tirón para destronarla.
Rosa pensó en el espectáculo tan asqueroso e inconveniente que sería perder un diente en plena clase, con toda aquella saliva sanguinolenta ensuciándole la ropa y los cuadernos nuevos…, así que se armó de valor, pestañeó con fuerza y dio un único tirón que arrancó la muela de la encía con un sonido viscoso. “¿Es que no voy a acabar nunca de mudarlas?” se dijo, apenas preocupada por el asunto de cuán lentamente le parecía a veces estar creciendo.
Mientras se aseguraba de que el agujero no se veía cuando sonreía, Rosa meditó sobre qué hacer con aquel inoportuno huesito. Durante años los había dejado bajo la almohada –siguiendo el consejo de sus amigos–, sólo para corroborar una y otra vez que el Hada de los Dientes no debía de sentir aprecio por las piezas de su dentadura, pues a la mañana siguiente seguían siempre en el mismo sitio, o como mucho habían rodado hasta acabar escondidas entre las sábanas.
Otra teoría apuntaba a que era un ratón el que, en medio de la noche, se llevaba el incisivo, canino, premolar o molar de turno, dejando en su lugar un par de monedas. Esto le parecía mucho más sensato a Rosa (dentro de la poca sensatez que cabe en tales suposiciones), pues dudaba que ninguna de las elegantes y delicadas sílfides de la revista Cuentos de Hadas tuviera interés por la joyería dentífrica, ni el valor para entrar sigilosamente en un dormitorio ajeno a mitad de la noche, exponiéndose al escándalo que implicaría ser descubierta en una situación que, más que comprometedora, podía considerarse delictiva. ¡Y todo para canjear dos valiosas monedas por un colmillo miserable!
El presunto ratón –al que apellidaremos Pérez para proteger su identidad– sería discreto, tendría mucho menos que perder y, precisamente por eso, podría permitirse ser más valiente que un Hada. El retrato psicológico imaginado por Rosa le desvelaba como un odontólogo frustrado, cuya única salida para saciar su vocación fue dedicarse al coleccionismo de muelas que, muy a su pesar, él mismo no habría podido extraer. Triste historia, pues su tamaño le permitiría maniobrar en espacios reducidos con mucha más destreza que un humano, pero ¿quién querría acabar con una rata en la boca al ir a la consulta del Dentista?
Sin embargo, en su perfil faltaba la clave para entender por qué rechazaba sistemáticamente sus dientes; ¡los de una huérfana, nada más y nada menos, que con toda seguridad estarían más limpios y libres de caries que los de un niño cebado con golosinas por sus amorosos padres! La chica pensó en alguna ocasión que la culpa era de Gato, pero varios de sus amigos tenían mascotas felinas y sin embargo habían recibido –siendo aún niños– una compensación económica por vender al roedor aquella dentición láctea. ¿Cuál era entonces la razón de su ratonil desprecio hacia la orfandad?
La teoría del tal Pérez le parecía a Rosa más “lógica” que la del Hada, pero igualmente inservible a la hora de explicar lo que no sucedía en su dormitorio de madrugada…, y esto la llevó a suponer que sería inútil dejar la muela bajo la almohada una vez más. Roedores aparte, la chica tampoco tenía parientes que quisieran guardar ningún diente caído como recuerdo de su menguante infancia.
Así que tanteó la muela entre sus dedos, sintió el agujero en su boca y luego el pequeño hueco en su corazón; el mismo que le dolía cada vez que pensaba en la familia que nunca tuvo, y que en ese instante tenía el diámetro exacto de aquel diente blanco y redondo…
Lo tiró a la taza del váter y vio cómo daba vueltas hasta desaparecer. Luego comprobó otra vez su sonrisa en el espejo y salió muy despierta de la habitación, deseando poder disfrutar a lo grande del primer día del nuevo año escolar, en sustitución de tantas otras cosas importantes que nunca tuvo la ocasión de celebrar.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece interesante, y el trailer da bastantes pistas de que será así, pero... ¿no son un poco cortas las entradas? ¿o será el ansia de leer algo más?

Saludos!!!

G. Campanella dijo...

¡Gracias por tu comentario! He intentado fragmentar cada capítulo en un número razonable de entradas, procurando que sean lo suficientemente cortas como para que a nadie se le canse la vista (y puedan echarles un vistazo rápido desde su puesto de trabajo).

En cualquier caso, los próximos capítulos ganarán en complejidad y extensión, así que por más que quiera mantenerlas a raya, las entradas se harán cada vez más sustanciosas...

Ten por seguro que publicaré "religiosamente" una nueva entrada cada día. En este caso, el hábito sí que hará al monje...

rina_ sunshine dijo...

Hola, otra vez: Me gusta la determinación de Rosa, da la impresión que, al tirar su muela, lanza algo de su dolor, enviándolo al olvido o tal vez, he caído de nuevo en mi maña eterna de buscarle simbolismos a todo.
Desde niña me han atrapado las historias con personajes huérfanos; seguiré leyendo esta noche, bendito sea este insomnio ^^

G. Campanella dijo...

¡Pues has dado en el clavo! Rosa está cansada de sufrir y de que la compadezcan, así que decidido tomar cartas en el asunto. Además, queda claro que es una chica valiente... ¿cuántos de nosotros nos atreveríamos a arrancarnos una muela suelta a estas alturas?

Y sí, el insomnio... ¡te entiendo muy bien!

rina_ sunshine dijo...

Algo en común tengo con ella, detesto la lástima.
Serían pocos, la valentía y la determinación se agotan a medida que pasan los años, claro, no hablo de mí haha

¿no tendrías una receta para el insomnio?

Y algo más, estoy escribiendo una especie de novela, le he dado mil vueltas y se lo mostré a un amigo, pero me dijo que para tratarse de adolescentes, las conversaciones parecen más de adultos ¬
Pero yo digo que, tras haber estados rodeados de la muerte desde pequeños, no pueden hablar como el resto de los chicos de su edad,
¿cómo tratas los diálogos, en tu caso?
Si puedes responderme ^^

G. Campanella dijo...

En mi caso, algunos de los personajes están inspirados en personas que me han rodeado desde siempre. Si los tuyos nacieron de una inspiración similar, puedes intentar "imitar" la forma de hablar que tienen sus referentes.

Creo que es inevitable que los diálogos de un personaje literario acaben siendo "más adultos", enrevesados y acertados de lo normal (no sólo en el caso de los niños y adolescentes), pero hay que intentar aligerar esto para hacerlos más creíbles y cercanos al lector.

Otro truco que puedo darte es que intentes imaginarte la escena como si fuera la de una serie de televisión. Los personajes tienen el tiempo contado para decir sus líneas, porque cada capítulo es de una duración determinada. Si tuvieras que reducir sus expresiones al mínimo, ¿qué dirían? ¿Qué lenguaje utilizarían, para poder llegar a cualquier expectador?

Si quieres, puedes enviarme un ejemplo de tus diálogos e intentaré darte consejos más concretos: elbluesdelhadaazul@gmail.com

¿A qué se debe tu insomnio? ¿Te acuestas angustiada? ¿Simplemente te desvelas? Según el caso, el tratamiento a seguir puede diferir...

rina_ sunshine dijo...

En mi caso es igual, son personajes basados en gente conocida.

Escribir a modo de guión, no lo había pensado hasta ahora, la verdad.

Tomaré nota y enviaré lo mío, si no es mucha molestia y de paso, alguna pequeña crítica :)
No es algo que encuentre muy a menudo.

Si soy sincera, tengo pesadillas. Cuando veo la primera luz de la mañana puedo dormir.
No es extraño que Rosa me llame la atención, aunque mis pesadillas son muy distintas.

Gracias por responder mi inquietud ^^

G. Campanella dijo...

Quedo a la espera de que me envíes tu trabajo Rina. Me siento incapaz de ayudarte con tu problema de insomnio, pero al menos puedo echarle un vistazo a tus textos, motivarte a escribir, y hacerte más entretenidos las noches en vela.

Un abrazo.

rina_ sunshine dijo...

Mil gracias ^^
Pues, cuando me anime a enviarlo...
No soy tímida, pero necesito de la motivación ahora, supongo.

Se me hacen entretenidas estas noches, realmente. Ahora me compré un té de melisa y pastillas naturales, a combatir este insomnio armada hasta los dientes jajaja
Saludos y espero más capítulos.

Sarah Degel dijo...

Esta parte del capítulo es muy entrañable. Una niña huérfana, falta de cariño y que no entiende por qué un ratoncito no le trae un par de monedas como a los demás. Me gusta, me gusta.

Galileo Campanella dijo...

¡Muchas gracias, Sarah! A ver qué otros cuentos de hadas acaban apareciendo a lo largo de la historia de Rosa...