28 de septiembre de 2011

Capítulo VI (segunda parte)


Rosa recibió tres notas a lo largo de la media hora siguiente, todas ellas provenientes del Príncipe (al que aún no se acostumbraba a tratar de otro modo, dada la velocidad e inevitabilidad con las que había sucedido todo):
1º Nota: “Tenemos que hablar cuando terminen las clases. No corras a esconderte”. Firma: “Tu recién estrenado novio, el Príncipe Iván. ¡FELIZ NO-CUMPLEAÑOS!”.
2º Nota: “¿Te he dicho ya lo guapa que estás hoy?”.
3º Nota: “¿Te molesta que te envíe notas constantemente?”.
Rosa contestó de la siguiente manera cada uno de sus mensajes, refugiándose en un razonamiento que la llevó a creer que era menos grave faltar a las normas del Manual, que contrariar a un miembro de la Realeza:
1º Nota: “¿Sobre qué? Estoy intrigada. Y por cierto, yo también necesito hablar contigo: he descubierto algo importante esta madrugada. Algo que deberías saber…”.
2º Nota: “Gracias por el cumplido, pero ¿por qué no me dices de qué quieres hablar? Lo que tengo que decirte es bastante serio y no puedo ponerlo por escrito. ¿Te parece bien si conversamos de camino a la Residencia?”.
3º Nota: “Pues sí, me pone de los nervios que me envíes notas en clase, pero todavía más que no respondas mis preguntas. En fin, nuestra primera pelea de novios :-( … ¡Ya comenzaba a echar en falta el estar enfadada contigo! :-) ”.
Iván soltó una risotada tras leer la última nota de Rosa. El Profesor se vio obligado a carraspear casi a la vez para fingir no haberlo escuchado, ya que no quería verse en la tesitura de tener que amonestar al futuro Monarca por una falta leve.
Varias horas después, tras las clases de Alquimia y de Literatura, la feliz pareja caminó a la Residencia de Estudiantes donde Rosa tenía su habitación…, y el Príncipe, una planta entera para su uso y disfrute. Les acompañaba la Guardia Real a una distancia prudencial, y detrás, un zumbante enjambre de estudiantes que bien podrían ser abejas atraídas por la miel del faranduleo, o de mosquitos ávidos de sangre Real; en cualquier caso, su molesto ruido no interrumpió la tan anunciada conversación:
–Bueno, ¿de qué querías hablarme? –preguntó Rosa con la dosis justa de interés y desinterés que le permitiría ocultar su nerviosismo.
–Seré muy directo, ¿de acuerdo? Debo pedirte un favor: que tengas mucha paciencia ante la difícil etapa que está por venir.
–¿A qué te refieres? ¡Me estás asustando!
–Tan sólo mira a tu alrededor. ¿A cuántos Guardias Reales ves?
Rosa pudo contar, aparte de los dos que les habían acompañado durante el almuerzo (y que ahora les escoltaban hasta la Residencia, protegiéndoles de los flashes y de las preguntas impertinentes) a otros cuatro, apostados en distintos lugares del Campus.
–Veo seis. ¿Qué pasa con ellos?
–En total hay veinticuatro: sólo has contado a los que van uniformados. Algunos se han infiltrado entre nosotros como estudiantes novatos de los cursos superiores; otros están camuflados entre los árboles, e incluso hay un equipo que nos observa desde el tejado con mirillas telescópicas. Están aquí para protegerme, vigilarme ¡y hacerme la vida imposible! Puedes creerme cuando te digo que nos pondrán muy difícil el vernos a solas…, a menos, claro, que hagamos algo al respecto.
–De momento parecen ser bastante discretos…
–¡Ah, qué ingenua eres! Si tuvieses padres, en este instante ya sabrían sus nombres, signos zodiacales, datos bancarios y marca preferida de papel higiénico. Cualquier mínimo detalle les hará desconfiar de tus intenciones; te seguirán entonces día y noche, interrogarán exhaustivamente a tus amigos y luego redactarán un informe.
–¡Qué horror! Por cierto, ¿no podrías pedirles que investigaran la identidad de mis padres? Sólo por curiosidad…, y para sacar provecho a su talento.
–Hablo en serio, Rosa. Tenemos que ganarnos la confianza de los Guardias (¡o su desconfianza, mejor dicho!) si queremos que nos dejen vivir en paz nuestro noviazgo.
–¿Y qué propones?
–Me alegra que lo preguntes, porque ya lo tengo todo planeado: deberás decirle a ciertas personas clave del alumnado que hemos pasado la noche juntos. Y no sólo una vez, sino durante un par de meses; tres, quizás, para estar seguros…
Rosa sintió ganas de echar a correr (aunque atentase de nuevo contra el Manual, al que ya habían vapuleado más en lo que iba de día, que en el resto de sus trescientos años de antigüedad), pero halló fuerzas para esperar a que Iván acabase de exponer un plan que de momento le parecía denigrante –por no hablar de las que tuvo que dedicar a charlar con naturalidad sobre “pasar la noche juntos” y no parecer una mojigata.
–El rumor tiene que circular con fluidez. Díselo a Sinclair como una confidencia, por ejemplo, y asegurarte de que él se lo comente a Demian, y Demian a Cindy, y Cindy a Pippi, y Pippi a Canella, y Canella a Loa, y Loa a ese otro chico cuyo nombre he olvidado… ¿Lo comprendes?
–No.
–Claro, porque aún no he acabado. Lo que quiero es que en pocas horas (¡minutos, si me apuras!) la Academia entera conozca la historia y ésta llegue a los oídos de la Guardia Real, que no tardará ni una semana en esconder micrófonos y cámaras en tu habitación para comprobar si es cierta. ¡Será genial!
–¿Genial? ¡¿Te parece estupendo que espíen nuestra intimidad?!
–No se trata de eso; la verdad es que no tendrán nada qué espiar porque no pasaré la noche contigo. Estaremos cada uno en nuestros respectivos dormitorios, pensando ardorosamente en el otro y cumpliendo las normas de Grimm a rajatabla. Después de un tiempo (esos tres meses de los que te hablé; uno más, uno menos) comenzarán a tomarte por mentirosa, dejarán de investigarte y yo podré escaparme a verte con cierta impunidad, sin que nadie sospeche. Tu habitación ya no será entonces una cárcel, sino un piso franco donde refugiarnos y amarnos en libertad.
–Iván, ¿me estás pidiendo que quede como una mentirosa frente a mis amigos, a todo el Campus y a la autoridad?
El Príncipe detuvo su marcha con expresión solemne y los ojos azules llenos de profunda tristeza: la que le inspiraban Grimm, la Guardia Real, la Astrología y todo aquello que le constreñía y le mantenía atado a su destino.
–Así es, amada mía. Pero no te lo pido por mí, sino por nosotros. Ser la novia de un Príncipe tiene sus desventajas, y ésta es una de ellas. El favor que te ruego es muy grande, ¡lo sé bien!, pero prometo compensarte…
Ambos reanudaron su camino en silencio y cabizbajos.
–Es por esto que decidiste ingresar en la Academia Grimmoire, ¿verdad? Imagino que la vigilancia en Palacio debía de ser incluso peor. Seguramente te sentías preso...
Iván sonrió.
–Así es, pero todo eso ha quedado atrás. Ahora te tengo a ti, y tú eres la llave de mi libertad.

18 comentarios:

Taiku Tao dijo...

Mi hija acaba de leer este capítulo,y está despotricando contra Iván:
¡la carta tenía razón!¡es un manipulador! ...Por cierto, mamá ¿tengo carta astral? necesito una.

G. Campanella dijo...

El caso de Iván es muy curioso: a pesar de que la Astrología no es más que un timo, la personalidad que le pronosticaron dio en el clavo. ¿Será que la Astrología sí funciona mientras uno crea ciegamente en ella? ¿O será obra del talento del pequeño Astrólogo que redactó la Carta?

En cualquier caso, tu hija puede estar segura de que nada ni nadie (¡ni las estrellas!) puede decidir su futuro excepto ella misma.

¿Por qué no le dices que escriba su propia Carta Astral, como reflejo de lo quiere ser en el futuro? Sería poético y curioso, ¡y cómo me gustaría leerla!

tai dijo...

¡Quiero leer más!¿Cuándo va a colgar más, muchos más capítulos?
y voy a hacerme mi propia carta.

G. Campanella dijo...

¡Buenas tardes, Tai!

Tengo muchas ganas de colgar un montón de capítulos de golpe para conocer tu opinión, pero tengo que ir haciéndolo poco a poco para asegurarme de que cada "episodio" sea lo mejor posible.

Te prometo un montón de sorpresas en los próximos días. ¡Si todavía faltan un montón de personajes! ¿Cuál será el misterio tras la pesadilla que suele tener Rosa? ¿Qué ocurrió con Azul después de escribir sus memorias? ¿Gato puede hablar o sólo maullar?

Me encantaría leer tu Carta Astral cuando la hayas acabado. Eres una lectora excepcional, y seguro que también lo serás en el futuro que elijas para ti misma.

Un abrazo, y muchísimas gracias por leer "Heliópolis: El Blues del Hada Azul".

Alex Flores dijo...

Me tomé la libertad de publicar un enlace a la página, me parece tan buena la historia de Azúl y de Rosa, y todo el mundo que gira entorno a ellas, que estoy recomendándola a cuantos puedo, además de que es muy innovador el formato con el que la presentas, on line, por entregas como si fuera una serie, utilizando recursos multimedia, con esta sección para comentarla con su autor... sinceramente cre que has revolucionado la forma en que leeremos las obras literarias.

Me encanta el universo que has creado, estoy muy emocionado siguéndola la trama. Entre todos los datos interesante que manejaste en tu comentario anterior, ya me encontre otro dato que me llamó la atención, Rosa tiene 300 años.

Espero con ansías el capítulo 7 (o debiera decir episodio).

Saludos

G. Campanella dijo...

¡Muchísimas gracias, Álex! Me ha alegrado enormemente tu comentario, tus felicitaciones y el saber que estás recomendando la novela a tus conocidos. ¿Dónde has publicado el enlace?

Mi propuesta de edición online, multimedia y gratuita ya se ha hecho antes..., ¡cuesta innovar cuando hay tanta gente deseando un renacer del libro para captar a las nuevas generaciones! Quizás el verdadero valor diferencial de "Heliópolis: El Blues del Hada Azul" sea el cariño y la imperiosa necesidad con la que se escribió.

Por cierto, estoy intrigado: ¿cómo has calculado la edad / antigüedad de Rosa?

Clara dijo...

Voy a la clase de Tai, mi maestra es Tarikú Tao.
¿me gustaria saber con que te inspiras al escribir el cuento?
Yo tambien quiero que cuelgues muchos más capítulos.

Clara dijo...

Hemos pensado entre todos que Iván tiene otro amor que le llama por teléfono y que utiliza a Rosa por que es huerfana y así nadie la proteje y el se saca los guardias de encima.
es una mala bestía.

G. Campanella dijo...

¡¿Será cierto?! Desde luego, los mensajes que está recibiendo Iván a cada rato en su móvil son de lo más sospechosos...

Y de ser así, ¿cómo reaccionará Rosa cuando se entere? Porque quizás no tenga nadie que la proteja, pero es una chica de carácter y muy espabilada...

Clara: quiero que sepáis que tus compañeros y tu excelente profesora me regaláis la mayor de las alegrías cada vez que leéis un capítulo, lo comentáis e intentáis adivinar lo que ocurrirá a continuación.

Muchas, muchas gracias por estar allí y ser los lectores más inteligentes y fieles que puede haber.

¡Ah, y respondiendo a tu otra pregunta! Mi mayor inspiración vino de las dos personas que más quiero en este Mundo y de mi gato (que no puedo contarlo como persona...), así como de los cuentos de hadas clásicos y las películas que ha hecho Disney en todos estos años.

Sin embargo, creo que para contestarte mejor, voy a escribir un prólogo para el libro donde aclare muchas cosas...

Maimónides dijo...

Siempre he pensado que escribir para los más jóvenes conlleva una responsabilidad que requiere honestidad. Si en la vida real amamos y somos felices con personas de carne y hueso (con defectos y virtudes), ¿por qué hacer creer al pequeño lector que sólo se puede ser feliz con príncipes perfectos, es decir, con personajes idealizados?

Por este motivo, me gusta tanto que en tu historia tu príncipe tenga truco...

G. Campanella dijo...

Me alegra compartir tu opinión, Maimónides. El Príncipe Iván refleja cierta historia personal que me enseñó a no idealizar, y a no esperar un ideal. ¡Qué importante es mantener abiertos los ojos y aprender a querer a las personas que nos rodean, no a los personajes que construimos sobre ellas!

rina_ sunshine dijo...

Hasta me leí los comentarios. El primero, me dio risa ^^

Iván es tan... chico. Chocante, en verdad.

Es cómo el primer amor: sofocante, fastidioso, meloso ¬
y en retórica, es un experto.

Al finalizar los capítulos, colgaré algo en mi blog.

G. Campanella dijo...

¡Muchas gracias, Rina! Yo a lo largo del día me leeré el tuyo. Un abrazo.

rina_ sunshine dijo...

No, no lo leas. Ese es como una mutación de una nueva especie retorcida y bipolar T_T
Espero que no lo hicieras, que vergüenza jajaja

lucy dijo...

ni tan azul el Principe!!! malo. malo..que manipulador!

Galileo Campanella dijo...

Desde luego, su comporamiento deja mucho qué desar para ser el galán de esta historia. ¿Qué estará tramando?

Sarah Degel dijo...

¿Dirá que sí? me da miedo que lo haga, pero me da más miedo que le cuente su descubrimiento respecto a Azul y su historia... Rosa se ve tan inocente...

Galileo Campanella dijo...

Pero ya se sabe que es una flor con muchas espinas... :-)