15 de octubre de 2011

Capítulo XIII (tercera parte)


–Por favor, Emil, ¡sólo un capítulo más!
No Rosa, seguiremos mañana. Ahora debes descansar: además, ya te has divertido demasiado por un día.
–Sí, es una pena que tu Carta Astral diga que serás Chef y no Cantante ¡Está privando al Reino de muchas risas! Te lo suplico, sólo medio capítulo… Piensa que, aunque no me lo leas, eso no significa que vaya a poder dormir.
Seguro que sí podrás; estos días lo has hecho, ¡y muy profundamente, por cierto!
Un pitido alertó a Rosa de la recepción de un mensaje en el móvil de su amigo.
–Espera un segundo, acaba de entrar un SMS.
Léelo, hazme el favor. Es muy tarde, así que debe ser importante.
Rosa entró en el buzón del teléfono y encontró unos cuantos mensajes nuevos, recibidos mientras Sinclair le cantaba a todo pulmón, y todos de parte de sus compañeros: “Tiens noticias d Rosa?” preguntaba Canella; “Sabs si mañana ira a clase? La xtraño muxo!” decía Pippi en otro. “Sinclair, si sabs algo d Rosa, llamanos, ok?” le ordenaba Demian, en su tónica habitual. “Llevo 1 hora esperando a que te conectes. Alguna noticia de nuestra amiga?” insistía Cindy, después de otros cuatro mensajes pidiéndole a Emil que entrara en el chat habitual de la clase.
–¡Todos han escrito para preguntarte por mí! –exclamó Rosa, cuya actuación (según el desafortunado comentario del Príncipe) quizás no le había merecido aplausos, pero sí la preocupación de sus más íntimos amigos.
–Claro, ellos sabían que pasaría a verte después de clases. Como el portón de Grimm se cierra a las ocho y ya no se abre más hasta la mañana siguiente, temían no regresar a tiempo a la Residencia si se decidían a acompañarme.
Y de nuevo, el sonido de recepción de un mensaje. En este caso era de Iván.
“Sinclair, ¿ya has llegado a tu casa, verdad? Estoy cuidando a Rosa; convencí a las Enfermeras y a la Guardia Real para que me permitieran quedarme en su habitación. Se encuentra bien; los Doctores dicen que sólo fue un susto a causa del estrés. Diles a todos que pasaré la noche con ella. Me alegra que hayas venido a verla esta tarde. Saludos”.
–Emil, tengo que dejarte. Muchas gracias por todo.
–Vaya, pues, ¡de nada! Descansa mucho, Rosa, y nos vemos mañana…
La chica colgó la llamada y fue a donde estaba la Top Model convaleciente, dejándose llevar por la intuición; al lado, sobre una silla, estaba su enorme bolso de cuero…, y algo parecía llamarla desde ahí. Lo abrió procurando no hacer ruido y tanteó el interior hasta encontrar lo que buscaba: un pequeño frasco oscuro, rotulado únicamente con la letra “Z”. Tenía la tapa perforada por el pinchazo de una aguja.
Rosa se miró las manos y encontró una marca idéntica en su dedo índice. Era diminuta, pero rotunda: como un punto y aparte.

2 comentarios:

rina_ sunshine dijo...

Ni el sueño le puede ayudar a dejar sus recuerdos atrás.

Demasiado corta la entrada :(

G. Campanella dijo...

¡Tienes razón, es casi una "entrada-teaser"!