4 de noviembre de 2011

Capítulo XX (primera parte)


–¡Aurora es su Madre!
–¿Aurora? No, la madre del Príncipe Igor es la Princesa Mónica, del Reino de Evenkia. ¿Has escuchando algo de lo que te estaba contando? –dijo Iván a Rosa, cuando la súbita interrupción de ésta les detuvo a medio camino entre el aula y la Residencia.
–No, en realidad. Ya te lo explicaré luego; ahora necesito que corramos.
–¿Contigo? ¿A dónde?
La chica cogió de la mano al Príncipe y corrió como nunca antes hasta el portón de la Academia. Varios Monitores les llamaron la atención con sus silbatos, pero tras comprobar que eran del futuro Rey y su consorte, se limitaron a saludar con la mano y a forzar una sonrisa, o a despejar a empujones el camino de los dos Maratonistas.
Rosa llegó a la verja sin aliento; el Príncipe, en cambio, hacía gala de su excelente forma física y se encontraba como si nada después de atravesar a trote el Campus. Cuando ya estuvo más recuperada, la chica le pidió un segundo favor:
–Gracias Iván, y ahora vete… Necesito unos minutos a solas.
–¿Para hacer qué? ¿De qué va todo esto?
El Príncipe no se iba a conformar con acatar una orden así, sin más, de manera que Rosa miró alrededor en busca de una excusa. Encontró una a punto de subir al autobús.
–Es Sinclair, necesito hablar con él…
–¡Vaya, así que es cierto! ¡Estás colada por él!
–Sólo necesito aclararle una cosa. Además, recuerda lo que te dije esta mañana: no te vendría mal demostrar celos por mí, en lugar de divertirte con la idea de que estuviera engañándote con Emil.
–¿Con “Emil”? ¿Sinclair se llama Emil? Vaya, eso es bastante cariñoso de tu parte… –Iván arqueó una ceja, como esperando la aprobación de Rosa para su intervención, que creía haber diseñado con una medida de celos bastante precisa.
–¡Muy bien, así se hace! Y ahora márchate, por favor.
Sinclair, que había asistido a la escena desde la ventanilla, bajó del autobús escolar. Ahora esperaba con cara de perro abandonado en la acera, al otro lado del portal, creyendo que Rosa estaba allí para disculparse por haberle despreciado en el Laboratorio de Biología. La chica, sin embargo, no hacía más que mirar de un lado a otro, como si él fuera invisible ante sus ojos.
–No tienes que pedirme perdón, Rosa. Iván es tu novio, y es lógico que quieras…
–¡¿Dónde está la Pastelera?!
–¿Eh?
–¿Acaso eres estúpido? ¡Aurora, la del carrito de tartas! ¿Dónde demonios está?
–Se habrá ido a su tienda, en el Paseo del Río, pues ya acabaron las clases por hoy…
Emil se dio media vuelta, decepcionado tras aquel nuevo desplante, y comenzó a caminar en dirección a su casa, sin levantar la vista del suelo y arrastrando la mochila.
–Espera, Emil –le llamó Rosa, procurando calmarse–. Discúlpame la grosería, pero acabo de descubrir algo que podría llevarme hasta Azul. ¿Quieres que te lo cuente?
–El Príncipe te espera en el portón, y yo tengo que ir andando a casa. No estoy de humor para escuchar nada sobre el chico-Hada… –Sinclair intentó decirlo con firmeza, pero la durísima mirada de su amiga le desarmó otra vez–. Vale, de acuerdo. Ten mi móvil; te llamaré en una hora.
Rosa le quitó el teléfono de las manos, se lo guardó en uno de los bolsillos de la sudadera y regresó de muy malas pulgas junto a su novio expectante.
–¿No te dije que te fueras sin mí? –le soltó al futuro Monarca cuando pasó a su lado.
–Decidí esperar por si acaso me necesitabas para ir corriendo a algún otro lugar.
–¿Y por qué iba a querer hacer una cosa así? A veces pareces tonto, Iván…
El Príncipe parecía complacido con ese comentario, como si fuese precisamente lo que hubiera intentado parecer ante ella: un chico simple, bienintencionado e inofensivo, martirizado por unas ineludibles vacaciones en yate con la Familia Real.
–Bueno, ¿y qué tal ha ido la conversación con Sinclair?
–Bien –dijo Rosa, luchando contra su mal humor para no delatarse–. Le he dejado claro que entre él y yo no puede haber nada.
–¡Así que al final no estaba equivocado! ¿Ves cómo sí había algo entre tú y él?
–¿Ya has vuelto a olvidar nuestra conversación sobre los celos, Iván?
–¡Es cierto! Perdóname. Y tienes razón: a veces parezco tonto.

4 comentarios:

rina_ sunshine dijo...

Pobre Emil, está mas usado que trapo viejo :(

Últimamente, solo tengo tiempo para traducir canciones en mi blog, se me ocurre que podría promocionarte al poner las lyrics de tu banda sonora, ¿puedo hacerlo?

Saludos ^^

Galileo Campanella dijo...

¡Me parece una gran idea! Avísame si necesitas ayuda con ello. Además, un pequeño secreto: si en el apartado de "Banda sonora" pinchas en el primer enlace, llegarás al listado completo de canciones, ¡incluso las de los capítulos que aún no han sido publicados!

Un abrazo, y muchas gracias por tu ayuda. ¡Ya he visto que has recomendado la novela en el foro más importante sobre Harry Potter!

rina_ sunshine dijo...

¡He vuelto como el ave fénix!

Hola, yo hago eso sin problemas, pero me gustaría tener una imagen para ponerle a cada lyric con el enlace a tu blog. Tania, una amiga, sabe hacer maravillas con los diseños, tomaré una foto de acá o si tú quieres dime cual elegir, yo esperaré tu respuesta.

Saludos y ya te he puesto de favorito en mis páginas de face, por si a alguien le pica la curiosidad.

Es un agrado ayudarte ^^

Galileo Campanella dijo...

¡Muchísimas gracias, Rina! Voy a intentar enviarte una imagen hecha expresamente para tu blog a lo largo del día.

¡Qué alegría verte de nuevo por aquí!