20 de noviembre de 2011

Capítulo XXIV (segunda parte)


“¿Qué debo hacer? Si dejo que todo siga su curso, mañana podré operarme, el espectáculo de esta noche transcurrirá con normalidad, Geppetto irá a buscar a Bella, la Cenicero se comprará un vestido horroroso y yo podré estar a solas con Sapito, que es el único capaz de hacerme sentir bien en estos momentos”.
“¿Pero qué clase de Hada sería entonces? Una capaz de defraudar a su mejor amiga y de dejar de lado a quienes más la necesitan. ¿Es esa la vida que quiero llevar, una donde mis sueños sean los únicos que se hagan realidad?”
Tonight, Tonight, de Smashing Pumpkins
El equipo radiofónico de Pushkin saltó automáticamente a la siguiente canción, y Azul se puso en pie después de haber permanecido de cuclillas en un rincón de su despacho. “Lo más justo sería que, después de todo el trabajo que me ha costado, mañana pudiera operarme…, pero no podría vivir con la conciencia tranquila; tendría la imagen de ese niño evenki chirriando sin cesar como un grillo en mi cabeza”.
“Si soy un Hada, más me vale comenzar a comportarme como tal”. Azul salió de la habitación y corrió frente a la fachada de El Caldero de Oro hasta llegar a la otra puerta trasera, que llevaba a su camerino y en la que no había necesidad de llave.
“Mañana podría lucir auténticas alas de mariposa… ¿Y de qué me servirían, si cuando tuve que volar a por Bella decidí quedarme sentada?”.
En su habitación todo estaba preparado para el plan original. Pero Azul no se puso el vestido de gala, ni la peluca, ni la mochila; en cambio buscó en la maleta las bolsas con el dinero para la operación, se lo distribuyó entre los bolsillos de la ropa y volvió a salir del Caldero, veloz como el viento con el que compartía nombre.
“Podría pasar la tarde con Sapito en mi camerino, y quizás descubriría en sus brazos lo que se siente ser querida por lo que una es en realidad. Pero no merezco ese cariño, no mientras sea a costa de traicionar a mi mejor amiga y de engañar al chico. La Cenicero no necesita un vestido elegante para estar radiante esta noche: tan sólo precisa de un Hada madrina a su lado”.
Azul corrió a través de la Travesía del Arcoíris tan rápido como pudo. Quizás aún estuviese a tiempo de entregarle el dinero a Geppetto y de buscar a Bella en el hospital…, aún sabiendo que, mientras tanto, Sapito se cansaría de esperarla. Finalmente estaba haciendo lo correcto, aunque eso jamás sería un consuelo; a fin de cuentas, se había tirado por la borda cuando sólo faltaba un día para arribar a su destino.
“Espero volver antes de la media noche para cantar una última vez junto a Rubí y a Esmeralda. ¡Es lo único que pido!”
Pero el plan de Rosa no incluía un concierto exitoso, ni los aplausos del público, ni altas de hospital, ni reconciliaciones, ni amigos, ni niños de Evenkia, ni chicos que se convierten en Hadas…, sino una Escorpio despechada, un Padre irascible en camino y a la Guardia Real al acecho de terroristas.
Los ingredientes de la venganza estaban servidos. Eran todos de primera calidad, y Rosa los había mezclado con minuciosidad. Se habían horneado con paciencia y decorado con una gruesa capa da maldad. La tarta que ya iba en camino, cargada por Aurora y por la chica de pelo rosa, no era un postre, sino el plato principal –servido frío, claro está– de la última cena del Hada Azul y el Príncipe Iván.

2 comentarios:

rina_ sunshine dijo...

Permíteme la frivolidad: ¡Billy Corgan! T_T Mi sueño de vampiro jaja
"The more you change the less you feel", queda perfecta la canción con el momento.

Me gustaría que a Rosa le resultasen mal sus planes y que a Iván lo pateara un toro jaja
Sólo eso.

Galileo Campanella dijo...

A mí también me encantaba el grupo, y la canción es una maravilla. La letra, el tono... añaden un sentimiento especial al texto. ¡Recuerda que la música será vital en los capítulos que están por llegar!