22 de marzo de 2012

La chica que nació en África, y no sabía que era la Cenicienta

Victoria Evita Ika
Cuando estuve en Barcelona charlando con mis 8+1 amigos lectores, me enseñaron muchas cosas que desconocía sobre mi propia novela y sobre los cuentos que la inspiraron. Por ejemplo, que el personaje de la Cenicienta (o su mitema) ya había aparecido en la literatura con anterioridad a las versiones rusas y europeas del mismo. Hubo una Cenicienta egipcia, china, persa y hasta indígena norteamericana antes de que Perrault, los hermanos Grimm, Disney y tantos otros volvieran a contarnos su historia. Imaginaros mi sorpresa cuando, después de esta revelación, decidí releer Mokámbo: Aromas de libertad de la escritora y amiga Victoria Evita Ika..., y me encontré de nuevo con la Cenicienta. Pero no con cualquier versión de la misma, sino con una muy cercana a la Ceni de Heliópolis. Ella y Amanda, protagonista de Mokámbo, son sin duda hermanas de sangre literaria

Desde luego, la intención de la autora no fue responder a la pregunta de "¿Cómo habría sido la vida de la Cenicienta si hubiera nacido en África?": su libro rezuma sinceridad y originalidad desde la primera página, y nos encontramos ante una novela donde realidad y ficción no tienen una frontera que las separe. Mi deseo manifiesto era reinventar los cuentos de hadas tradicionales; el deseo de Victoria era contar una historia que se alimentara de su experiencia vital y la trascendiera... Y así, transitando por caminos muy distintos, los dos acabamos hablando de la misma Cenicienta moderna. ¿Cómo es esto posible?
Amanda nació en la pobreza, y nunca llegó a conocer a su madre. Su infancia y adolescencia las vive sumida en la miseria, soportando un trato vejatorio y la ausencia moral mas no física de un padre. Sueña con un futuro mejor, que sólo ve posible si emigra a un lugar más próspero y encuentra allí al hombre de sus sueños: una pareja ideal que no sólo simboliza el amor..., sino también la estabilidad, la comodidad y el fin de las privaciones.

Un personaje donante (Hilda, su hada madrina particular) la ayudará a emprender el viaje..., pero Mokámbo, la capital, resultará ser una ciudad muy distinta a la que Amanda soñó. La prosperidad no está al alcance de todos, es inhóspita a pesar del aroma del cacao, del café y de los buñuelos de banana. Por si fuera poco, allí la esperan su tía, su prima y Paula, la mejor amiga de ésta, como reflejo carnal de la madrastra y las hermanastras de la Cenicienta. 

Al igual que en Heliópolis, la magia juega un curioso papel en Mokámbo: Aromas de libertad. Está presente sin estarlo; es invisible y tangible a la vez. Y para completar la colección de coincidencias entre estas dos novelas y los cuentos tradicionales, también asistiremos a un baile, a una gran fiesta: veremos a una Amanda / Ceni / Cenicienta vistiéndose con sus mejores galas, encontrando los zapatos que van a juego (gracias a Amalia, su segunda hada madrina y mejor amiga), y perfumándose ante la posibilidad de seducir a su Príncipe, a su salvador. Al hombre blanco que podría rescatarla de la soledad y la pobreza.



Creo saber por qué Victoria llegó al mismo destino que yo, a pesar de el suyo fue un camino espontáneo y nacido del realismo: La historia que cuenta su novela ha sido (y es) la historia de muchas mujeres a lo largo siglos de obligada sumisión. Pero los tiempos están cambiando..., los cuentos de hadas también, y no podemos seguir hablando de una Cenicienta a la espera de que su Príncipe "le resuelva la vida", porque ella se cree incapaz de salir adelante por sus propios medios. Ya en su momento –según las versiones que todos conocemos decidió pasar a la acción, calzarse con zapatillas de cristal e ir al baile en palacio a reclamar su lugar en el mundo. Es hora de dar un paso más...

No puedo decir más sin desvelar el espectacular desenlace de Mokámbo. Sólo puedo asegurar que la Cenicero se sentiría tremendamente orgullosa de Amanda y que habría aplaudido su decisión, al igual que cualquier lector con ganas de ver una Cenicienta de armas tomar; voluptuosa, africana y recia. Si has disfrutado con Heliópolis: El Blues del Hada Azul, espero que corras a leer Mokámbo: Aromas de libertad, pues sin duda es una de sus novelas hermanas (insisto, de sangre). Fueron escritas casi a la vez, asistí como invitado a su puesta de largo en sociedad, y la casualidad nos une con hilos invisibles y dorados.

Alguna vez me planteé la posibilidad de escribir la historia de Gato (pues mucho se hablará del felino en la posible secuela de El Blues del Hada Azul...), pero mi amiga Taiku Tao ya lo hizo con absoluta maestría. Ahora me siento igual, como si me hubieran quitado un peso de encima: ya no tendré que escribir la historia de la Ceni, porque Victoria Evita Ika se me ha adelantado..., y lo ha puesto en papel con un arte y una sinceridad de la que yo no habría sido capaz. Ella es mujer, y Hada madrina, y africana..., y yo sé muy bien de lo que hablo, porque ya me he leído Mokámbo dos veces (y voy por la tercera...).

G. Campanella

1 comentario:

rina_ sunshine dijo...

Hola:
Tienes una manera muy particular de atraer con la escritura, en serio.
Esta es la clase de libros que llaman mi atención, así que para mi es grato que esté disponible el Ebook acá.

Ay, quedan poquísimos días, espero que encuentres un gran donativo y que el éxito te llegue.
¡Claro que si! Porque me hiciste sentir acompañada con Rosa y Azul cada noche que me pasé por tu blog ^^
Cariños, Rina