12 de noviembre de 2012

"Hermano", de José Luis Serrano


artificio.
(Del lat. artificĭum).
1. m. Arte, primor, ingenio o habilidad con que está hecho algo.
2. m. Predominio de la elaboración artística sobre la naturalidad.
3. m. artefacto ( máquina, aparato).
4. m. Disimulo, cautela, doblez.

Real Academia Española – Diccionario de la lengua española. 

La palabra “artificio” suele tener connotaciones negativas en su uso cotidiano. Probablemente haya que remontarse a esa concepción maniquea (y absurda) de lo artificial contra lo natural para explicar la razón, cosa que no interesa.  Habría que hablar aquí de si lo humano es divino o mundano; de si un acorde mayor es armónico porque sí (por los armónicos que nadie escucha); de si la ergonomía del plátano fue pensada en función de la forma de la palma de la mano, cosas que tampoco interesan (excepto, quizás, el asunto del plátano).

Pero la RAE confirma nuestras sospechas de que lo artificioso no es peyorativo, ni mucho menos. La Real Academia Española asevera, por tanto, que Hemano –novela del escritor José Luis Serrano, Elputo Jacktwist, y publicada por Egales)– es arte, primor, ingenio y habilidad, aplicando tantas falacias lógicas como sea necesario para llegar a esta conclusión disimulada, cautelosa, artificial y, sin embargo, verdadera.

Y es que Hermano es un artefacto literario perfectamente construido. Es matemáticamente coherente con una finalidad estética, y ejemplo de un mecanismo (cuántico) bien engrasado. Porque toda la novela es una mentira tras otra –como cualquier otra obra literaria que se precie–, bien dispuestas todas ellas y articuladas para causar un efecto que se resume en una única palabra. Una palabra situada cerca del final del libro –aunque se la anuncia mucho antes; es como un esquivo gato de Schrödinger– y cuya patente tiene que estar protegida de spoilers, para el bien de toda la santa colección de potenciales lectores de la novela.

Las espectaculares imágenes de esta guía de viajes por Birmania, los momentos más divertidos de su juego (¡menudo primer capítulo!), su humor camp bien dosificado, la tristeza inmanente a todo (incluso a las sonrisas ensimismadas)…, todo estalla al leer esa palabra que el libro anuncia –que yo anuncio también–, y que es uno de los mejores artificios narrativos que he tenido el placer de leer.

No puedo recomendar lo suficiente esta novela, porque me resultaría indecente. Sería como pregonar que se enseñara la teoría evolutiva en una escuela en lugar del creacionismo, porque la primera explica la realidad “sensiblemente” mejor que la segunda. ¡Es lógico! (aunque no en todo el mundo aplica la misma lógica).
¿Por qué deberías leer Hermano? Porque sí. Porque así es como se escribe, así es como se lee y así es como se siente: con risas, rabia, tristeza y placer estético condensado en una única palabra, que necesita de toda una novela para existir y saber estar.

Las existencias complicadas o difíciles son las más interesantes, que no os quepa duda.

El asombro del extraño paralelismo de que dicha palabra con la palabra clave de mi novela, Heliópolis: El Blues del Hada Azul –donde sólo el género de la misma, es decir, una letra, marca la diferencia– me lo reservo. Connotaciones muy diferentes para una misma cosa, pero unidas con (in)timidez y complicidad.

A veces me gusta pensar que la novela de José Luis y la mía son hermanas (aunque jamás me corresponderá esa atribución por pura modestia), y me regodeo en ello de forma casi malsana.

Corred a leer Hermano, porque no sería sensato no hacerlo.


G. Campanella

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